La Residencia Exótica

Hace unos días, fui a la casa de un amigo medico quien se especializa en el diseño de máquinas de colposcopia con las cuales ha hecho una gran fortuna misma que ha invertido  en sus múltiples residencias que posee a lo largo del país. Sin embargo, en muchas ocasiones no puede hacer uso de ellas debido a su trabajo, ya que los médicos generalmente disponen de muy poco tiempo libre. No obstante, esta vez fuimos a una residencia que tiene en la cúspide de las montañas donde la niebla cubre todo como el mar la arena de los fondos.

Esta residencia la utiliza cuando quiere retirarse del mundo y darse unos días para el solo o con algunas amistades. La casa está hecha de tres pisos y al estilo japonés con techos de tejado azul marino y paredes de color rojo, una combinación bastante extraña que le da vida al lugar. Si bien el exterior es impresionante, el interior lo es aún más ya que al entrar ahí, en verdad, parece que uno se pierde en una nube de dimensiones  regresando a un pasado misterioso donde el Japón seguía siendo y perteneciendo al Shogun.

 La entrada a la extraña casa se encontraba en la planta baja donde uno cruzaba grandes puertas de madera color rojo para entrar a un gran patio de cantera labrada y piedra de rio hábilmente adornada formando la figura de garzas y golondrinas de piedra. Esto era especialmente impresionante debido a que había una gran cascada en la parte del fondo cuyo torrente de agua entraba a un pequeño estanque tapizado por plantas de todo tipo que flotaban en el agua. El gran pabellón estaba rodeado de lámparas de piedra alumbradas por velas o inclusive pequeñas fogatas que parpadeaban como las luces de un buque errante en la obscuridad de la noche.

Al cruzar aquel gran pabellón, uno encontraba una gran sección de puertas de madera finamente labradas en ambos lados del lugar, puertas que no se saben por supuesto a donde llevan. En principio entramos a una de ellas que tenía unas escaleras que llegaban a un dijo de madera color chocolate cubierto en los costados con armas japoneses de todas las épocas, sobretodo de los viejos años de las guerras civiles Japonesas además de tener una sala de sauna con tres masajistas japonesas bastante hermosas.

En el piso de arriba, se encontraba una gran sala de estar donde se comía pescado fresco de los alrededores, peses que muchas veces eran capturados por aquellas mujeres quienes se dedicaban al funcionamiento estético y placentero del palacio japonés que muchos días del año estaba vacío.

Las recamaras se encontraban en el último piso,  cuyos balcones daban hacia lo copa de los árboles de Jacaranda que rodeaban la residencia  con sus hojas azules, moradas, rojas y naranjas y en cuyas ramas había también lámparas de piedra parpadeando como minúsculos dragones cuidando a los cuatro vientos.

Pasamos la noche ahí entretenidos por las anfitrionas japonesas, haciendo una noche que recordar.

Visita Laboratorios Azteca para más información.

Comments are closed, but trackbacks and pingbacks are open.